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UN TROZO DE AZUL. Arteterapia e Intervención Social con enfermos/as mentales

UN TROZO DE AZUL.
Arteterapia e Intervención Social con enfermos/as mentales

Juan José Díaz

Comparto en lo que sigue algunas ideas que me han surgido a partir de ver el documental "Un trozo de Azul". Son ideas brutas, sin mucho desarrollo, contenidos emergentes sobre diversos asuntos que tomaron forma en los dias siguientes de ver la proyección y asistir a un coloquio con la directora de la pelicula. La reflexión la acompaño de algunas búsquedas de referencias que me han servido para organizar un breve discurso sobre el trabajo terapéutico y de acompañamiento a enfermos/as mentales en el ámbito comunitario. Simultáneamente me asomo a la desinstitucionalización en salud mental y a insinuar un marco para una Gestalt social vehiculizada a través de la arteterapia y la terapia social.


El documental

Do, mi, sool, … do, mi, sool, … do, mi, sol, mi, dooo. 

Todos los y las participantes del grupo van pasando por el micrófono situado dentro del circulo de sillas. La entonación la acompaña al teclado un músico y profesor. Todos están en el escenario de un teatro vacío, el municipal de la ciudad de Leon (Nicaragüa).

Los alumnos son usuarios de ASMEN, la Asociación de Salud Mental de dicha ciudad. Se encuentran participando en un taller de música de seis semanas que se ha organizado especialmente para el rodaje del documental “Un trozo de azul” (1), dirigido por la cineasta y documentalista Florence Jaugey. En el escenario hay tambien una cámara y el reducido equipo de rodaje.

El documental alterna escenas del taller, de los participantes, del profesor y de otros músicos invitados. Son abundantes los testimonios de los participantes acerca de su enfermedad y su no-enfermedad, su vida, su experiencia con la música.

“Un trozo de azul” es del 2018 y ha recibido numerosos premios internacionales. Su directora, Florence, de origen francés, ha residido mucho tiempo en Nicaragua donde creo su productora junto al cineasta Frank Pineda. Tiene una amplia filmografia. El prestigioso Festival Cinéma du Réel, dedicado al cine documental, organizó en 2016 una retrospectiva de la obra de ambos en el centro Georges Pompidou (París).

Florence dice del documental: “Esta filmación ha sido una bella aventura humana y profesional. Se desarrolló en un lugar único, el Teatro José de la Cruz Mena en León. Una atmósfera de confianza se instaló muy rápidamente en este espacio privilegiado y protegido que representa el Teatro y nuestros personajes estuvieron encantados con la experiencia y el intercambio con los músicos y el equipo. Asistieron al taller con mucho entusiasmo y con una puntualidad impresionante. Tratándose de personas con problemas mentales nos sorprendieron sus capacidades de escucha y concentración. Creo que la película retrata fielmente las emociones, complicidades, descubrimientos y anhelos compartidos alrededor de la poesía y la música, intentando abrir las fronteras de la locura”.




El artista y el enfermo mental 

El taller tiene como guion de fondo la preparación y el ensayo de una canción basada en un poema del poeta nicaragüense Alfonso Cortés (1893-1969). Enmarcado en el movimiento postmodernista hispanoamericano, estuvo influido por el simbolismo francés y considerado de los grandes poetas de Nicaragüa después de Ruben Darío. 
Alfonso vivió en la casa de Rubén gracias a que su viuda se la donó por ayudarla a recopilar una serie de documentos legados para su hijo.
Durante su vida tuvo actividad como profesor, traductor, diplomático, redactor de un periódico y, sobre todo, como literato.
Durante un periodo estuvo influido por el esoterismo y esto se reflejó en su poesía de aquella época, oscura, misteriosa, abstracta, metafísica. Después siguió con una etapa modernista, más influída por Darío, y luego una ultima etapa caracterizada por su estética racionalista.

Una noche de 1927 emergió un trastorno mental que continuó hasta su muerte, aunque esa condición no le impido seguir escribiendo, viajar y atender diversas actividades literarias. Recibió numerosos premios y distinciones.

En la etapa mas difícil de su enfermedad mental tenia accesos violentos y su familia lo encerraba en una habitación, a veces incluso encadenado a una viga del techo.
En uno de estos encierros escribió el poema “Un detalle”, más tarde renombrado como “Ventana” que es el que ensaya el grupo del taller de musica y voz.

Es éste:

Ventana

Un trozo azul tiene mayor 
intensidad que todo el cielo, 
yo siento que allí vive, a flor 
del éxtasis feliz, mi anhelo.

Un viento de espíritus, pasa 
muy lejos, desde mi ventana, 
dando un aire en que despedaza 
su carne una angélica diana.

Y en la alegría de los Gestos, 
ebrios de azur, que se derraman… 
siento bullir locos pretextos, 
que estando aquí, ¡de allá me llaman!

En 1944 Alfonso fue internado en el Hospital de Enfermos Mentales de Managua con diagnóstico de esquizofrenia. Este hospital, hoy día se llama Centro psicosocial de Managua, y es tambien conocido como Hospital Alfonso Cortés.


Notas sobre sociología e historia de la Salud Mental

El hospital es bien conocido por los participantes en el taller de música y esta cargado de una pésima fama, tanto actual como, sobre todo, por su pasado.
La propia directora de “Un trozo de azul” contaba, en un coloquio al que asistí, que cuando hace diez años realizaba un documental sobre discapacidades, incluida la cognitiva, acudió a este centro y comprobó que la atención era gratuita pero consistía exclusivamente en la dispensa de medicación; nos comentaba que eran medicamentos de vieja generación, con baja efectividad y muchos efectos secundarios de los que apenas había seguimiento, además de tener efectos colaterales como temblores, babeos y adormecimiento. 

Pero éste es un buen escenario comparado con el del pasado. Según  cuenta una revista que surgió tras la revolución sandinista (2), en un articulo de 1987, “(…) presentaba gravísimos niveles de superpoblación, abandono, represión y miseria, originados en gran medida en la corrupción y la violencia que caracterizaron la gestión somocista”.

Esto no es situación singular de Nicaragua, podemos reconocerlo en cualquier dictadura, como fue la española, y especialmente tras los conflictos armados.

En ese mismo articulo se dice del “Asilo para Alienados” de 1933: 
“Los pabellones del centro se llenaron indiscriminadamente con gente de cualquier edad y de las más variadas condiciones físicas y psíquicas. Todos, semidesnudos, sucios y hambrientos. No existía comedor. La comida se "servía" directamente, a través de un hoyo, en el mismo pabellón de los enfermos, en donde reinaba la ley de la selva. Sólo una vez por semana se bañaba a los enfermos: todos juntos y a manguerazos.

En los comienzos no trabajaban en este asilo ni médicos - a excepción del director - ni paramédicos. El personal vivía junto a los pacientes, pero no tenía ninguna preparación especial. Incluso, algunos de los pacientes eran "elevados" al rango de enfermeros con una tarea esencial: evitar pleitos demasiado violentos entre los pacientes.

Los que protagonizaban estos pleitos eran castigados en celdas oscuras sin ningún mobiliario o amarrados a las camas. Todo el personal, desde el director hasta cualquier empleada de limpieza, tenía la posibilidad de aplicar a los enfermos electroschocks, shocks insulínicos o cualquier otra práctica violenta. No era raro, en esta situación, que estas practicas se emplearan con cualquier paciente no tanto para "curarlo", sino como una "lección". En aquel primer asilo para enfermos mentales de Managua había un coche con caballos en el que se recogía a los "locos" que deambulaban por la ciudad. En algunos casos, se ofrecían y pagaban recompensas a los ciudadanos que colaboraban en ubicarlos y hospitalizarlos.

A comienzos de los años sesenta y con el cambio del equipo de dirección empezó una nueva fase para el hospital. Llegaron algunos psiquiatras, en general de formación norteamericana, y esto produjo una cierta "humanización" en el tratamiento de los pacientes, introduciéndose también el empleo de psicofármacos. Se construyeron otros dos pabellones, llegando a un total de seis - tres para hombres, tres para mujeres - y el hospital pasó a integrarse en el programa de enseñanza universitaria”.

Con estas escenas retrospectivas quiero situar la imaginación sobre lo que ha sido la evolución de la atención a la Salud Mental, facilitando ponernos, a  lo largo del tiempo, en el lugar de las personas enfermas y sus allegados.

Si nos enfocamos a la situación española, en la reciente “Proposición de Ley de derechos en el ámbito de la salud mental “ presentada al Congreso de los diputados en marzo del 2019 (3) podemos leer en su presentación:

En los años 80 se inicia en España la llamada «Reforma Psiquiátrica», que da paso a la desinstitucionalización. La práctica clínica extendida para solucionar los problemas de salud mental y cuidar el bienestar social era la reclusión en instituciones de la persona diagnosticada, alejándola de la comunidad y colocándola en un contexto de total exclusión social y asumiendo su cronicidad.
Desde entonces, en todos estos años los avances en este campo han sido muy discretos y desiguales. El abordaje de estos problemas, y del bienestar de las personas, ha ido dirigido de manera prácticamente única a minorar el síntoma fundamentalmente a través del tratamiento farmacológico, relegando la promoción y la inclusión social y comunitaria.
En estos años varios planes y estrategias de salud mental se han publicado, bien a nivel del Ministerio de Sanidad o de las Consejerías de las diferentes Comunidades Autónomas, aunque su traslado a la realidad social actual indica que su implementación sigue sin garantizar los derechos humanos y libertades fundamentales en el ámbito de la atención que se brinda a las personas por motivos de salud mental”.

Aún estamos muy lejos de una asistencia en Salud Mental en setting abierto, comunitaria,  que busque no sólo la curación del síntoma sino también la dignificación de las personas enfermas, que cuide tanto la psicopatología psiquiátrica como la pobreza espiritual, y que proporcione, en un plan terapéutico integral, medicamentos, psicoterapia, grupos de socialización, … así como poesía, canto, y musica.


Salir de la institucionalización sin salir del encuadre de salud mental; la arteterapia vs socioterapia

Volviendo al documental, muchos de los participantes en el taller recordaban su estancia en ese hospital de Managua y hoy en día viven su discapacidad en un entorno mucho más humano gracias a la Asociación de salud mental que mencioné al principio. Viven en pisos y obtienen su medicación gratuita del hospital y centro psicosocial. Aún así, el tratamiento psicofarmacológico parece insuficiente ya que según declaraciones de la realizadora, una parte del presupuesto de producción lo dedicaron a mejorar por un tiempo la medicación que los/as enfermos/as estaban recibiendo.

El taller en sí fue un escenario para realizar el documental, algo efímero pues pasadas las seis semanas que duró la grabación, y agotado el presupuesto de producción, los participantes volvieron a su cotidianeidad sin sus actividades de música.

Actualmente ya existen en Nicaragua algunas experiencias estables de arteterapia en contextos hospitalarios de salud mental. Pongo como ejemplo un estudio reciente sobre la percepción de un grupo de participantes en un taller de arteterapia y biodanza en el Centro psicosocial, llevado a cabo por un grupo de voluntarios del Movimiento Ventana  (4). Aún estas intervenciones no están del todo integradas en los planes asistenciales  sino que son actividades realizadas por asociaciones sin fin de lucro que cuentan con el trabajo de estudiantes y profesionales voluntarios.  

En España, tenemos desde 1993 un antecedente de musicoterapia con pacientes diagnosticados de esquizofrenia en un Centro de Salud Mental de Vizcaya. La actividad se incluía en el programa del Hospital de Día junto a sesiones de terapia, taller de cocina, actividades culturales, etc. Fue una experiencia piloto que finalmente se acabo integrando en la estructura del centro (5). 
Aunque ya tenemos una larga trayectoria, estas actividades terapéuticas aún hoy son una practica menos extendida de lo que podrían ser si pensamos en la posibilidad que nos da nuestra cultura de la salud, las estructuras sociosanitarias, los recursos de la sociedad civil organizada  y los profesionales con diversos perfiles.

Desde otra perspectiva, vuelvo al documental para señalar que en el taller no hubo profesionales de la psiquiatria ni de la psicología. Ni siquiera musicoterapeutas o arteterapeutas. Sólo profesionales de la voz, de la música, …y funcionó. 
Esta actividad normaliza la vida de estos pacientes, les da alegría, un trabajo común, dignifica su existencia y, como dicen en sus propios testimonios, por un rato vuelven a ser personas.

Y entonces podemos considerar un encuadre de musicoterapia institucionalizada y un encuadre de actividad comunitaria, musical, conveniente acompañado.

Pero esta segunda opción tiene también sus dificultades. Como ocurrió durante el rodaje del documental, un participante poco a poco fue desorganizándose en su sistema defensivo hasta que tuvo algunas emergencias de furia y tras algunas ausencias finalmente no continuó con la actividad. Quizá la presencia de profesionales de la terapia, sin necesidad  de un ambiente institucional de contención, hubiese podido canalizar su dinámica y haberle ayudado a mantenerse en el grupo.

En esta línea, viendo el documental me surgió la reflexión de si, en ocasiones, lo terapéutico es precisamente desterapeutizar la intervención, confiando en que una actividad socializada ya es en sí terapéutica. Quizá no valga en todos los casos pero sí en algunos, es decir, es necesario particularizar cada situación. En circunstancias favorables para los pacientes adecuados, confiar en la autoregulacion gestáltica, proponer esa actividad y acompañarla desde fuera podía ser suficiente. Llegar a esto requeriría un replanteamiento de los roles profesionales y de los contextos de la intervención.

La musicoterapia, y la arteterapia en general, pueden actuar en esas dos dimensiones. El terapeuta puede así actuar a través de su método o simplemente acompañar desde fuera o incluso desde dentro, un proceso socializador, sanador, en un campo de experiencia artística.

La función que cumple un documental.

 “Un trozo de azul” es un documental que tiene resonancias con otros muchos sobre enfermedad mental y prácticas artísticas, en los que se combina la ejecución de una obra con los testimonios de los participantes. Es casi un subgénero temático que merece ser explorado por quienes nos dedicamos a la terapia. Animo a rastrearlo.

Quiero terminar apuntando el valor de este relato audiovisual como herramienta terapéutica en sí mismo. 

Ofrecer ver este trabajo en un grupo de enfermos/as mentales, o de sus familiares, constituye una nutrición de esperanza, de alegría y de autoestima que compensa parte de su sufrimiento como seres sociales, generalmente excluidos o estigmatizados.

Y de nuevo diferencio la distinción de encuadres entre una actividad audiovisual, sin más, o un cine forum más o menos dinamizado con perspectiva terapéutica,  o incluso un encuadre de grupo terapéutico para enfocar resonancias personales.

Para quienes trabajen en otros medios no terapéuticos y quizá ni siquiera enfocados a la intervención social, por ejemplo quienes trabajen o intervengan en el medio educativo, vecinal, etc proyectar este documental, con o sin coloquio, les llevaría a una actuación fácilmente situada en un contexto de prevención. 

Sería una prevención indirecta pues trabajaríamos con la desestigmatización y la inclusión, al presentar facetas de los enfermos mentales desconocidas por la mayoría de las personas. Estos documentales nos acercan a normalizar su vida, ponerles cara y circunstancias vitales, humanizarles.

La locura es un temor fundamental y ese miedo es muy fácil proyectarlo en quienes no han podio mantener su estructura neurótica y nos confrontan con la polaridad del equilibrio, del control, de la funcionalidad, de la autosuficiencia, etc. Sólo hay una manera de resolver la exclusión: el acercamiento y el contacto.
Esto es lo preventivo. El acercamiento a la discapacidad, a la dependencia, a la vulnerabilidad y la indefensión, aunque sea mediante una especie de fantasía guiada, en este caso un relato audiovisual. Una película no es necesariamente el contacto con otros (depende del marco de la actividad) pero sí que nos pone en contacto con nuestras imágenes y temores internos. Después será más fácil el acercamiento presencial. 
En resumen, favorecer la empatía con los/as enfermos/as mentales.

Acorde final

La sinopsis que presenta la productora del documental (6) nos cuestiona: 
¿Existe la locura? Un grupo de personas que sufren de discapacidad psicosocial expresa su punto de vista durante un taller de musicoterapia”.

Voy más allá. ¿Y si cambiamos el concepto “locura” o “enfermedad mental” por el de “discapacidad psicosocial”? ¿Cabria considerarla junto a otras discapacidades como una cognitiva o una emocional o una relacional?

Me respondo afirmativamente  y encuentro asi sentido a un enfoque terapéutico que ayude a re-configurar el tejido de afectos, vínculos, … y maneras de estar-en-el-mundo y de ser-en-relación.

Si la Gestalt es el arte de apreciar las diferencias quizá, más allá del sentido común, de la realidad objetiva, haya personas que nos puedan dar una visión distinta de la realidad. Con una sensibilidad y un estilo de expresión y comunicación diferentes. Una manera de percibir que no alcanzamos en estados de conciencia ordinarios, supra-socializados, o cuerdos. Con esto no minimizo, ni siquiera relativizo, el sufrimiento de estas personas ni de sus familiares y amistades, pero si quiero sugerir que quizá empatizando con ellas podamos no sólo ir más allá de nuestras barreras sino tambien ayudarles a sanar, a que puedan vivir su condición con mas seguridad y sentirse respetadas.

Recojo un frase del documental y cedo mis ultimas lineas a la voz de una de las participantes: “El humano común no comprende. Y a todo lo que el humano común no comprende lo llama locura”.


Juan José Díaz es psicólogo, psicoterapeuta gestáltico, miembro didacta y supervisor de la AETG. Trabaja en consulta, formación y supervisión. Coordina proyectos sociales especialmente en los ámbitos social y cultural. Contacto

————
(1) Un trozo de azul. Florence Jaugey 54 min/ 2018/ HD 4K. Camila Films- (Nicaragua)

Comentarios

  1. Juan José Díaz, miembro de la Comisión Social de la AETG nos ofrece este artículo para reflexionar y aprender sobre el trabajo con personas que tienen funcionalidad mental específica desde la Arteterapia y la Intervención Social.

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